El Mesias

domingo, 27 de enero de 2013

El Hombre es Bueno por Naturaleza

Habrán tenido razón Sócrates y Rousseau al afirmar que el hombre es bueno por naturaleza?  He pensado que el ser es un ente apolar y neutro que se ajusta al medio en el que se desenvuelve. ¿Por qué el afán de llamarle específicamente “bueno” a lo que carece de mal (al nacer) y a mi parecer incluso de bien? Es entendible en el cristianismo esta afirmación, pues Dios en su bondad no podría de haber creado criaturas esencialmente malas. Pero para las mentes escépticas no tendría porqué valer esta conclusión. ¿Se le llamará bueno a cualquier sujeto que comienza a participar de esta realidad? Esta realidad, que a todo esto, no me parece ni buena ni deseable si es que existe un Dios del que provenimos. Si me preguntan, habría preferido que Dios me mantenga en su seno y no me envíe al mundo doliente. Siddharta ya nos confesó que la vida es sufrimiento, al menos la vida terrena. Los espirituales se desviven por participar más de la eternidad divina que del mundo donde se encuentran. Si negamos tanto esta existencia, por parecernos gris y desoladora, me parece más bien un castigo que un regalo de Dios.El alma sin embargo- por definición- no podría sino ser algo bueno ( ya me reduje al trato con personas que crean en su existencia, pero siempre mi divagación estuvo sujeta a este excluyente). Esto porque el alma “se compone” de libertad, voluntad, inteligencia. Estas tres entidades son las únicas- que bien usadas y a medida que se desarrollan- podrían llevar al ser humano a la tan anhelada felicidad, o al menos a un equilibrio soportable. Lo que producen las exigencias del mundo es que desvían una o más de estas tres cualidades, tergiversando su objetivo o finalidad. Por ejemplo, Hitler era un hombre tremendamente brillante, que usó su inteligencia en pro de un objetivo inhumano y perverso, que pasaba a llevar la libertad, voluntad e inteligencia de otros. Ese es un caso de una inteligencia corrompida.
A partir de estas reflexiones vagamente hiladas, y las que seguramente el lector desprendió del texto, creo ser capaz de concluir que el hombre no es por esencia bueno. Sino que tiene las herramientas para poder ser bueno. Pero también se sitúa en un contexto donde estas herramientas pueden jugarle en contra y hacer de él justamente lo contrario.
Se sabe que el hombre bueno es feliz (aunque bien haya tenido una existencia miserable), pues apuesto que si se le preguntara a algún bueno difunto- que haya tenido una vida dura y mísera- si se arrepintió de serlo, diría que no.
Tenemos todo el paquete esperando ser usado a favor nuestro. Depende de nosotros, y de lo y los que nos rodeen. Así que recuerda que tú puedes ser causa de que alguien se corrompa.

lunes, 21 de enero de 2013

Jean-Jacques Rousseau "El Contrato Social"


Reduzcamos todo este balance a términos fáciles de comparar. Lo que el hombre pierde por el contrato social, es su libertad natural y un derecho ilimitado a todo lo que intente y que pueda alcanzar. Lo que gana es la libertad civil y la propiedad de todo lo que posee. Para no engañarse en estas compensaciones se ha de distinguir la libertad natural, que no reconoce más límites que las fuerzas del individuo, de la libertad civil que se halla limitada por la voluntad general; y la posesión, que es sólo el producto de la fuerza o sea, el derecho del primer ocupante  de la propiedad, que no se puede fundar sino en un título positivo.
Según lo que precede, se podría agregar a lo adquirido por el estado civil la libertad moral, la única que verdaderamente hace al hombre dueño de sí mismo, porque el impulso exclusivo del apetito es esclavitud, y la obediencia a la ley que se ha prescrito es la libertad.

----Segun el texto, ¿qué gana el hombre viviendo en la sociedad civil?¿Se podría afrimar lo mismo hoy día?
  
La libertad civil, la propiedad y la libertad moral.
Si porque se sigue respetando las libertades y la propiedad de cada uno.

---¿Qué diferencia hay entre libertad natural y libertad civil?

 La libertad natural es hacer lo que uno le apetezca sin respetar las libertades de los demás mientras que la libertad civil es hacer lo que uno quiera dentro de la ley es decir respetando las libertades de los demas.

domingo, 20 de enero de 2013

Jean-Jacques Rousseau

Ginebra, Suiza, 1712-Ermenonville, Francia, 1778) Filósofo suizo. Huérfano de madre desde temprana edad, Jean-Jacques Rousseau fue criado por su tía materna y por su padre, un modesto relojero. Sin apenas haber recibido educación, trabajó como aprendiz con un notario y con un grabador, quien lo sometió a un trato tan brutal que acabó por abandonar Ginebra en 1728.
Fue entonces acogido bajo la protección de la baronesa de Warens, quien le convenció de que se convirtiese al catolicismo (su familia era calvinista). Ya como amante de la baronesa, Jean-Jacques Rousseau se instaló en la residencia de ésta en Chambéry e inició un período intenso de estudio autodidacto.
En 1742 Rousseau puso fin a una etapa que más tarde evocó como la única feliz de su vida y partió hacia París, donde presentó a la Academia de la Ciencias un nuevo sistema de notación musical ideado por él, con el que esperaba alcanzar una fama que, sin embargo, tardó en llegar. Pasó un año (1743-1744) como secretario del embajador francés en Venecia, pero un enfrentamiento con éste determinó su regreso a París, donde inició una relación con una sirvienta inculta, Thérèse Levasseur, con quien acabó por casarse civilmente en 1768 tras haber tenido con ella cinco hijos.
Rousseau trabó por entonces amistad con los ilustrados, y fue invitado a contribuir con artículos de música a la Enciclopedia de D’Alembert y Diderot; este último lo impulsó a presentarse en 1750 al concurso convocado por la Academia de Dijon, la cual otorgó el primer premio a su Discurso sobre las ciencias y las artes, que marcó el inicio de su fama.
En 1754 visitó de nuevo Ginebra y retornó al protestantismo para readquirir sus derechos como ciudadano ginebrino, entendiendo que se trataba de un puro trámite legislativo. Apareció entonces su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, escrito también para el concurso convocado en 1755 por la Academia de Dijon. Rousseau se enfrenta a la concepción ilustrada del progreso, considerando que los hombres en estado natural son por definición inocentes y felices, y que son la cultura y la civilización las que imponen la desigualdad entre ellos, en especial a partir del establecimiento de la propiedad, y con ello les acarrea la infelicidad.
En 1756 se instaló en la residencia de su amiga Madame d’Épinay en Montmorency, donde redactó algunas de sus obras más importantes. Julia o la Nueva Eloísa (1761) es una novela sentimental inspirada en su pasión –no correspondida– por la cuñada de Madame d’Épinay, la cual fue motivo de disputa con esta última.
En Del contrato social (1762), Rousseau intenta articular la integración de los individuos en la comunidad; las exigencias de libertad del ciudadano han de verse garantizadas a través de un contrato social ideal que estipule la entrega total de cada asociado a la comunidad, de forma que su extrema dependencia respecto de la ciudad lo libere de aquella que tiene respecto de otros ciudadanos y de su egoísmo particular. La voluntad general señala el acuerdo de las distintas voluntades particulares, por lo que en ella se expresa la racionalidad que les es común, de modo que aquella dependencia se convierte en la auténtica realización de la libertad del individuo, en cuanto ser racional.
Finalmente, Emilio o De la educación (1762) es una novela pedagógica, cuya parte religiosa le valió la condena inmediata por parte de las autoridades parisinas y su huida a Neuchâtel, donde surgieron de nuevo conflictos con las autoridades locales, de modo que en 1766, aceptó la invitación de David Hume para refugiarse en Inglaterra, aunque al año siguiente regresó al continente convencido de que Hume tan sólo pretendía difamarlo.
A partir de entonces Rousseau cambió sin cesar de residencia, acosado por una manía persecutoria que lo llevó finalmente de regreso a París en 1770, donde transcurrieron los últimos años de su vida, en los que redactó sus escritos autobiográficos.

Homo homini lupus

Es originaria del comediógrafo latino Tito Macio Plauto (254 a. C. - 184 a. C.) en su obra Asinaria, donde el texto exacto dice:
"Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit."
(Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro)
Gramaticalmente, está formada con el nominativo y dativo de homo, -inis (hombre), y el nominativo de lupus-i (lobo).
Como contrapunto a la frase de Plauto, Séneca escribió que "el hombre es algo sagrado para el hombre".
Popularización por Hobbes en el Leviatán
Fue popularizada por Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII, quién la adaptó en su obra Leviatán, que dice que el egoísmo es básico en el comportamiento humano, aunque la sociedad intenta corregir tal comportamiento favoreciendo la convivencia. El análisis que surge por medio del desarrollo de esta frase conduce a los principios explicados por Hobbes en su obra y serán de hecho los que para él justifican la necesidad de una monarquía absoluta.
Se cita con frecuencia cuando se hace referencia a los horrores de los que es capaz la humanidad para consigo misma.

Thomas Hobbes y el Leviatán

Es el libro más conocido del filósofo político inglés Thomas Hobbes, publicado en 1651. El título del libro hace referencia al monstruo bíblico Leviatán, que posee un poder descomunal. En este libro, Hobbes establece su doctrina de derecho moderno como la base de las sociedades y de los gobiernos legítimos. Se ha dicho que el trabajo de Hobbes justifica filosóficamente la existencia del autoritarismo estatal y el absolutismo.

Biografía de Thomas Hobbes

(Westport, Inglaterra, 1588-Hardwick Hall, id., 1679) Filósofo inglés. Hijo de un eclesiástico, quedó a cargo de su tío cuando aquél abandonó a su familia, tras participar en una pelea en la puerta de su iglesia. Estudió en el Magdalen Hall de Oxford, y en 1608 entró al servicio de la familia Cavendish como preceptor de uno de sus hijos, a quien acompañó en sus viajes por Francia e Italia entre 1608 y 1610. A la muerte de su alumno, en 1628, regresó de nuevo a Francia para entrar al servicio de Gervase Clifton.

En dicho país permaneció hasta 1631, cuando los Cavendish lo solicitaron de nuevo, como preceptor de otro de sus hijos. En 1634, acompañando a su nuevo alumno, realizó otro viaje al continente, ocasión que aprovechó para entrevistarse con Galileo y otros pensadores y científicos de la época. En 1637 volvió a Inglaterra, pero el mal ambiente político, que anunciaba ya la guerra civil, lo llevó a abandonar su patria e instalarse en París en 1640.
Poco tiempo antes había hecho circular entre sus amigos un ejemplar manuscrito de sus Elementos de la ley natural y política, de los que, en forma de dos tratados distintos, se editaron dos partes en 1650. En París comenzó a publicar las distintas partes de su sistema, empezando con el De cive en 1642. En 1651 abandonó Francia y regresó a Inglaterra, llevándose consigo el manuscrito del Leviatán, sin duda la más conocida de sus obras, que se editaría en Londres ese mismo año.
En 1655 publicó la primera parte de los Elementos de filosofía y en 1658, la segunda. Estas dos obras completaban la trilogía iniciada con De cive. Tras la restauración de 1660 gozó del favor real, pero las acusaciones de ateísmo que le lanzaron los estamentos eclesiásticos lo llevaron a retirarse de la vida pública. Durante los últimos años de su vida hizo una traducción en verso de la Ilíada y la Odisea, y escribió una autobiografía en versos latinos.
Los contactos que Hobbes tuvo con científicos de su época, que fueron decisivos para la formación de sus ideas filosóficas, le llevaron a fundir su preocupación por los problemas políticos y sociales con su interés por la geometría y el pensamiento de los filósofos mecanicistas. Su pensamiento político pretende ser una aplicación de las leyes del mecanicismo a los campos de la moral y la política. Las leyes que rigen el comportamiento humano son, según Hobbes, las mismas que rigen el universo, y son de origen divino.
De acuerdo con ellas, el hombre en estado natural es antisocial por naturaleza y sólo se mueve por el deseo y el temor. Su primera ley natural, que es la autoconservación, lo induce a imponerse sobre los demás, de donde se deriva una situación de permanente conflicto: «la guerra de todos contra todos», en la que «el hombre es un lobo para el hombre».
Para poder construir una sociedad es necesario, pues, que cada individuo renuncie a una parte de sus deseos y llegue a un acuerdo mutuo de no aniquilación con los demás. Se trata de establecer un «contrato social», de transferir los derechos que el hombre posee naturalmente sobre todas las cosas en favor de un soberano dotado de derechos ilimitados. Este monarca absoluto, cuya soberanía no reside en el derecho divino sino en los derechos transferidos, sería el único capaz de hacer respetar el contrato social y garantizar, así, el orden y la paz, ejerciendo el monopolio de la violencia, que desaparecería de este modo de la relación entre individuos.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Tema de la Verdad: Rashomon





Sinopsis
Japón, siglo XII. En Kioto, bajo las puertas del derruido templo de Rashomon, se guarecen de la torrencial lluvia un leñador, un sacerdote budista y un peregrino. Los tres discuten sobre el juicio a un bandido, acusado de haber dado muerte a un señor feudal y violado a su esposa. Los detalles del crimen son narrados desde el punto de vista del bandido, de la mujer, del señor feudal -con la ayuda de un médium- y del leñador, único testigo de los hechos.



EL DIRECTOR: AKIRA KUROSAWA
Hijo menor de un militar descendiente de samuráis, nació en Tokio el 23 de marzo de 1910. Su devoción por el arte le llevaría a estudiar pintura de forma autodidacta, al tiempo que crecía su interés por el cine gracias a su hermano Heigo, a quien acompañaba casi a diario a las salas de Tokio en las que éste trabajaba como narrador de películas mudas. Tras el suicidio de Heigo en 1930, abandona la pintura y desempeña pequeños trabajos hasta que en 1936 ingresa en los estudios Toho, iniciándose como ayudante de dirección de Kaijiro Yamamoto -cineasta al que siempre consideró su maestro- y debutando como director con La Leyenda del Gran Judo (1943). Con El Ángel Ebrio (1948) iniciaría su colaboración con el actor Toshiro Mifune, álter ego de Kurosawa en la gran pantalla y protagonista de los títulos más emblemáticos de su filmografía. El éxito internacional de Rashomon (1950) -film que abriría las puertas del cine japonés al mundo logrando el León de Oro en Venecia y el Oscar a la Mejor Película extranjera- consolidaría su prestigio como cineasta, consagrándose en los años siguientes con obras maestras como Vivir (1952), Los Siete Samuráis (1954) y Trono de Sangre (1957). El fracaso de Dode’ska-den (1970) le llevaría a una profunda depresión y un frustrado intento de suicidio en diciembre de 1971, del cual se recuperaría para rodar algunos de sus mejores films. Tras recibir un Oscar Honorífico en 1990, falleció el 6 septiembre de 1998 en Tokio.

RELACIÓN DE LA PELICULA CON LA VERDAD

En Rashomon, el público o los receptores somos el jurado de los diferentes puntos de vistas sobre la muerte del samurai y siempre el leñador, el sacerdote y el peregrino están en desacuerdo y crea una incertidumbre una preocupación, porque no sabemos la verdad, porque hasta los mismos personajes no se creen el uno al otro.  Al ser nosotros Hombres y tener la capacidad de fingir y olvidar somos creadores de nuestro propio mundo, creadores de nuestras verdades y aunque seamos interdependientes hay cierta desconfianza hay falta de fe como lo que representa el Templo en ruinas en la película.  Otro símbolo es la constante lluvia durante la película representando un mal tiempo para la humanidad.  Todas las versiones coinciden en un bosque y Akira Kurosawa usa este símbolo  en efecto de sombra y luz lo claroobscuro que representa lo consciente y lo inconsciente; las cosas ocultas.
Akira Kurosawa presenta su filme de Rashomon para los años 50, el final de la guerra mundial tiempo de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki Japón.  A través de esta pieza de arte se presenta una realidad de una humanidad en decadencia, una humanidad cruel, pérdida de valores, ilusiones perdidas y a través de los distintos personajes se puede ver lo que ha consumido al Hombre como el orgullo, la mentira, el egoísmo, la falta de valores y la falta de honradez

La película Rashomon nos propone artísticamente una esperanza, nos abre los ojos a la verdad a la realidad de esa humanidad malvada y cruel.  Nos hace volver hacer optimistas y tener fe en una nueva humanidad en un cambio de claridad y liberación.  Si no fuese por la unión de los dos Hombres, los dos seres, los dos mundos no habría una existencia, no habría una realidad, porque los dos tienen su valor, porque todos se necesitan para sobrevir.